Una grave deformidad de la columna vertebral: una compleja cirugía espinal en el IRCCS Ospedale Galeazzi-Sant'Ambrogio ofrece una nueva oportunidad a una joven paciente internacional
Fecha de publicación: 21-07-2026
Actualizado en: 21-07-2026
Asunto: Patología de la columna vertebral
Tiempo estimado de lectura: 1 min
Autor del Artículo
Valentina MagistrelliEditor médico
Pedro BerjanoEditor y Traductor
Viktoryia LuhakovaLas deformidades graves de la columna vertebral se encuentran entre las afecciones más complejas de la cirugía de columna y requieren tanto una experiencia quirúrgica altamente especializada como una planificación cuidadosa y prolongada. Con este diagnóstico llegó al IRCCS Ospedale Galeazzi-Sant'Ambrogio una joven paciente procedente de Polonia, donde recibió una nueva oportunidad para llevar una vida más plena e independiente.
Las deformidades graves de la columna vertebral se encuentran entre las patologías más complejas de la cirugía espinal y requieren no solo una elevada experiencia quirúrgica, sino también una planificación extremadamente precisa. Con un cuadro clínico de esta magnitud llegó al IRCCS Ospedale Galeazzi-Sant'Ambrogio una joven paciente polaca, a quien hoy se le ha abierto la posibilidad de llevar una vida mucho más plena e independiente.
Una deformidad extremadamente severa de la columna vertebral, el cuello prácticamente "desaparecido" dentro del tórax, la médula espinal sometida a una curvatura extrema y un riesgo real de sufrir una parálisis progresiva con el paso de los años. Esta era la compleja situación clínica con la que llegó al IRCCS Ospedale Galeazzi-Sant'Ambrogio Małgorzata, una joven paciente polaca afectada por neurofibromatosis, una enfermedad genética que, entre sus manifestaciones, puede provocar importantes deformidades vertebrales.
Tras varias intervenciones quirúrgicas realizadas en el extranjero y un recorrido clínico ya marcado por complicaciones, la paciente fue atendida por el Dr. Pedro Luis Berjano, responsable de la Unidad GSpine4 del IRCCS Ospedale Galeazzi-Sant'Ambrogio, para someterse a un tratamiento de máxima complejidad cuyo objetivo era reducir la deformidad, proteger la médula espinal y ofrecerle la posibilidad de recuperar una vida lo más normal posible.
La llegada de Małgorzata al IRCCS Ospedale Galeazzi-Sant'Ambrogio también fue posible gracias a la confianza generada por las recomendaciones de otros pacientes internacionales. Desde las primeras etapas, el Departamento Internacional del Gruppo San Donato acompañó tanto a la paciente como a su familia en la organización de todo el proceso asistencial, ayudándoles a recopilar y compartir la documentación médica necesaria para su traslado a Italia y para la coordinación con el sistema sanitario polaco. Se trató de un trabajo discreto, pero esencial, que permitió mantener una comunicación constante entre la familia, el equipo médico italiano y el país de origen, facilitando el acceso a una atención altamente especializada lejos de casa.
«Era un caso que rozaba los límites de lo técnicamente posible. La decisión de operar debía equilibrar dos aspectos fundamentales: por un lado, el elevado riesgo de la intervención y, por otro, la calidad y la expectativa de vida de la paciente si no se realizaba el tratamiento. La deformidad no solo suponía una enorme carga desde el punto de vista de la imagen corporal, sino que además sometía a la médula espinal a una situación de deterioro progresivo», explica el Dr. Berjano.
Neurofibromatosis y columna vertebral: por qué puede provocar deformidades tan complejas
La neurofibromatosis es una enfermedad genética que puede favorecer el desarrollo de neurofibromas y, en algunos casos, producir importantes alteraciones del esqueleto. Cuando afecta a la columna vertebral, puede dar lugar a deformidades extremadamente graves y especialmente difíciles de tratar.
En el caso de Małgorzata, la deformidad afectaba principalmente a la zona de transición entre la columna cervical y la torácica. La columna presentaba una curvatura extrema, cercana a los 180 grados. El cuello estaba prácticamente absorbido por la deformidad y la cabeza se encontraba mucho más baja de lo habitual.
La situación era aún más compleja debido a la calidad del tejido óseo. En los pacientes con neurofibromatosis, algunas vértebras pueden ser extremadamente finas y ofrecer muy pocos puntos seguros donde fijar los implantes necesarios para la corrección.
«Cuando corregimos una deformidad vertebral debemos colocar anclajes en la columna y conectarlos mediante barras que permitan remodelarla y estabilizarla. En pacientes como Małgorzata, sin embargo, la cantidad de hueso disponible es mínima y cada milímetro cuenta. Un pequeño error al colocar un tornillo puede hacer imposible la corrección», subraya el especialista.
Casi tres meses de preparación antes de la cirugía
Antes de la intervención definitiva, la paciente siguió un largo proceso de preparación mediante tracción esquelética con Halo, un dispositivo fijado al cráneo y conectado progresivamente a diferentes pesos con el objetivo de alargar gradualmente la columna y reducir parcialmente la deformidad.
Esta fase se prolongó durante casi tres meses y resultó fundamental para facilitar posteriormente la intervención quirúrgica y para permitir que la médula espinal se adaptara de forma progresiva a la nueva posición.
«Si la médula espinal se estira de forma brusca durante una corrección tan importante, existe el riesgo de producir una lesión neurológica aguda. La tracción progresiva nos permite reducir parte de ese riesgo, preparando poco a poco tanto la médula como los tejidos para la corrección definitiva», explica el profesor Berjano.
Durante este periodo, Małgorzata permaneció ingresada junto a su madre, afrontando no solo las dificultades físicas del tratamiento, sino también una importante carga emocional y psicológica.
A lo largo de estos meses, el Departamento Internacional permaneció al lado de Małgorzata y de su madre con una presencia constante y discreta. Sus profesionales continuaron acompañándolas, facilitando la comunicación con el equipo médico, ayudándolas a desenvolverse en el día a día de la hospitalización y convirtiéndose en un punto de referencia durante una etapa especialmente delicada. Junto a la atención clínica, este apoyo humano contribuyó a que todo el proceso resultara más comprensible, más llevadero y menos solitario.
La intervención: tecnología, planificación y trabajo en equipo
La cirugía definitiva tenía como objetivo reducir la curvatura, estabilizar la columna vertebral y crear las condiciones necesarias para lograr una nueva fusión ósea. Para ello, el equipo realizó osteotomías, es decir, cortes controlados del hueso alrededor de la médula espinal, con el fin de aumentar la flexibilidad de la columna y hacer posible su corrección.
Se trató de una intervención de máxima precisión, posible gracias a la experiencia del equipo y al uso de avanzadas tecnologías de planificación quirúrgica.
A partir de una tomografía computarizada de baja dosis, desarrollada para reducir la exposición a la radiación en pacientes que ya han sido sometidos a numerosos estudios radiológicos, se creó un modelo tridimensional de la columna vertebral. Sobre este modelo, los especialistas pudieron estudiar en detalle la deformidad, planificar cada fase de la intervención y fabricar mediante impresión 3D guías personalizadas para la colocación de los implantes. Esta tecnología fue desarrollada con la contribución del profesor Claudio Lamatina y validada con la participación del profesor Pedro Berjano en el IRCCS Ospedale Galeazzi-Sant'Ambrogio.
«En los casos más complejos, la tecnología no sustituye la experiencia del cirujano, sino que le permite trabajar con una mayor precisión y reducir los riesgos. Las guías personalizadas nos ayudan a colocar los implantes incluso en vértebras muy deformadas y con una cantidad mínima de hueso disponible», continúa el especialista.
También fue fundamental el trabajo coordinado de todo el equipo multidisciplinar: cirujanos, anestesiólogos, neurofisiólogos, personal de enfermería, ingenieros biomédicos, profesionales de planta y de la unidad de cuidados intensivos. Una auténtica orquesta en la que cada integrante debe conocer exactamente su papel, especialmente en los momentos más delicados.
«Una cirugía de este nivel nunca depende de una sola persona. Se necesitan cirujanos con una gran experiencia, pero también un equipo perfectamente entrenado, coordinado y acostumbrado a tratar casos extremadamente complejos. La verdadera diferencia la marca la capacidad de trabajar juntos con precisión y en el momento oportuno», añade el Dr. Berjano.
Un resultado muy importante, aunque el seguimiento continuará durante los próximos años
Hoy Małgorzata ha superado una etapa decisiva de su tratamiento. La corrección obtenida ha permitido modificar de manera significativa la alineación de la columna vertebral, devolverle una nueva postura, hacer que su cuello vuelva a ser visible y ofrecerle unas perspectivas funcionales mucho más favorables.
Sin embargo, el proceso aún no puede darse por concluido. En casos de esta complejidad, el seguimiento requiere prudencia y tiempo. Durante aproximadamente dos años, la paciente deberá someterse a revisiones clínicas y radiológicas periódicas para controlar la estabilidad de los implantes, la consolidación ósea y la evolución general de su estado de salud.
«Por el momento estamos muy satisfechos: hemos alcanzado un hito fundamental. Pero en intervenciones tan complejas es imprescindible mantener la prudencia. Me sentiré realmente tranquilo cuando, dentro de unos dos años, comprobemos que la columna permanece estable, que la fusión ósea es sólida y que la paciente se encuentra bien», afirma el profesor Berjano.
Si la recuperación continúa según lo previsto, la perspectiva es la de una vida completamente normal: caminar, salir, mantener una vida social activa, realizar las actividades cotidianas y construir su futuro con una libertad que antes parecía imposible.
La fortaleza de la paciente y de su familia
Más allá del reto técnico y quirúrgico, esta historia habla también de la extraordinaria fortaleza de una joven paciente y de su familia. Durante meses, Małgorzata y su madre afrontaron la hospitalización, la tracción con Halo, las intervenciones, la incertidumbre y la espera, confiando plenamente en el equipo médico durante un proceso tan complejo desde el punto de vista emocional como desde el clínico.
«Estos pacientes suelen demostrar una resiliencia extraordinaria. Llegan después de años muy difíciles, a veces tras largos recorridos médicos y numerosas decepciones, y aun así siguen siendo capaces de confiar. Como médicos sentimos una enorme responsabilidad, no solo desde el punto de vista técnico, sino también humano. No tratamos únicamente una deformidad de la columna: acompañamos a una persona y a su familia en una decisión que puede cambiarles la vida», concluye el especialista.
En el caso de Małgorzata, esa responsabilidad humana no recayó únicamente sobre el equipo clínico, sino también sobre quienes lograron transformar la complejidad de un tratamiento internacional en un proceso concreto, organizado y sostenible para la paciente y su familia. El trabajo del Departamento Internacional se basa precisamente en esa integración de competencias: capacidad de coordinación, conocimiento de los procesos, escucha activa, empatía profesional y continuidad en la atención.
Es precisamente gracias a la sinergia entre la excelencia clínica, una cuidadosa gestión del recorrido asistencial y una atención centrada en la persona que una intervención de esta complejidad puede traducirse en un resultado capaz de transformar de forma real la calidad de vida de una paciente joven.
El caso de Małgorzata confirma el papel del IRCCS Ospedale Galeazzi-Sant'Ambrogio como centro de referencia internacional en cirugía vertebral compleja, capaz de integrar especialistas altamente cualificados, tecnología de vanguardia y una atención integral al paciente, incluso en los casos más difíciles.